Jue. Sep 24th, 2020

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Juan José Benítez: «Ahora tengo más confianza en que después de la muerte voy a seguir vivo»

Afincado temporalmente en Cantabria cuando selo permiten sus estudios sobre el fenómeno OVNI, el periodista regresa a su saga ‘Caballo de Troya’ con ‘El diario de Eliseo’

Cali. Cuatro muchachos colombianos juegan en la orilla de un río. De repente, observan en la ribera contraria lo que parece ser un caballo que les da la espalda. «Entonces, el caballo se giró, comenzó a caminar hacia los jóvenes y se dieron cuenta de que era un centauro».

–Un centauro…

–Un centauro. ¿Cómo explicas que alguien vea un centauro de tres metros de altura en la actualidad? ¿Quién es? ¿De dónde ha venido? ¿Estaban ya en la antigüedad? Claro, esto te obliga a revisar toda la mitología.

El relato lo hace Juan José Benítez (Pamplona, 1942) y forma parte de una de sus últimas indagaciones. Una hora de conversación con este periodista e investigador te permite convencerte de que los ovnis existen, que nos visitan civilizaciones extraordinariamente avanzadas que no se dan a conocer por prudencia y que gran parte de los pasajes atribuidos a Jesucristo en los textos sagrados surgen del «cambalache de intereses y oscuridad mental» de la Iglesia y de su deseo de «institucionalizar el miedo».

Es tal la vehemencia y los argumentos del discurso de Benítez, un trotamundos afincado temporalmente en Cantabria, que hace unos días, en la feria de México, donde firmó ejemplares de su último libro, ‘El diario de Eliseo’ (Planeta), necesitó de varios agentes de seguridad para liberarse de la presión de miles de seguidores. La pasión que ha sido el motor de sus libros comenzó en 1972 en el periódico ‘La Gaceta del Norte’.

–Un rotativo histórico.

–Estuve en él hasta el 79, poco después de que mataran a José María Portell (el primer periodista asesinado por ETA). Aquel periodismo que hacíamos de pisotón era muy diferente al actual, más sedentario. Pasábamos el día batallando en la calle. Éramos más inquietos. Un día, un redactor jefe, Alfonso Ventura, me dio un teletipo para que lo investigase: un objeto no identificado había sido visto sobre un pueblo de Burgos. Fui allí y me quedé pasmado porque los vecinos no mentían.

–Y empezó a estudiarlo.

–Por curiosidad. Me dije: ‘No sé lo que es’. Y a partir de ahí me ocupé de todas las investigaciones sobre ovnis en el periódico. En 1979, cuando llegó el Opus Dei, me dijeron que lo dejara y ahí tuve que tomar una decisión: seguir con las investigaciones e irme o abandonarlas y quedarme.

–Y decidió lo primero.

–Con la oposición de todo el mundo. Las investigaciones son costosas y nunca compensas con los libros la inversión que has hecho en ellas. Pero desde el principio supe que aquello era verdad y llevo 47 años estudiándolo a diario.

–Lo sabrá todo del fenómeno ovni.

–No sé nada. Cuanto más investigo, menos sé. Hay una serie de civilizaciones que nos visitan desde tiempo inmemorial y están superavanzadas respecto a nosotros. Ahí se acaban las certezas y el resto son especulaciones.

–¿Y por qué cree que no bajan y se presentan?

–Porque provocarían un caos. Imagínate que una civilización o cincuenta bajan aquí y te dicen: ‘Dios existe, pero las religiones no son necesarias’. ¿Qué haces con todos los sistemas religiosos que conocemos? Sería el caos absoluto y llegaríamos a la guerra entre nosotros.

–¿Y por qué les interesa la Tierra? ¿O viajan a muchos planetas?

–Yo tengo como diez mil imágenes de ovnis y miles de casos de encuentros con tripulantes. Les interesa este mundo por una o por muchas razones que yo no sé poner en pie. Puede ser la brutalidad humana, las guerras, el desastre ecológico… Los militares tienen la mayoría de información que te puedas imaginar: pruebas de radar, criaturas capturadas, naves estrelladas y testimonios hasta aburrirte.

–Usted ha alimentado el debate sobre los extraterrestes durante muchos años.

–Había numerosos investigadores antes que yo, de los que aprendí muchísimo. Ha sido un fenómeno importante desde la II Guerra Mundial cuando uno y otro bando consideraban que eras armas secretas del contrario. Y ahí empezaron a surgir investigadores de campo, que es lo importante porque hay mucho individuo que investiga en Internet, mucho mal nacido, intoxicador y gente a las órdenes de los servicios de inteligencia cuya misión es restarle importancia al fenómeno.

–¿Le ayudan las nuevas tecnologías?

–Internet no es el lugar más apropiado para investigar sobre los ovnis, ni ningún otro tema. Hay que viajar a los lugares y hablar con los testigos. Pontificar es muy fácil. Dar trigo es más difícil.

El laboratorio de la vida

–Acaba de publicar ‘El diario de Eliseo’, la parte final de su famosa saga ‘Caballo de Troya’. Aborda de nuevo la vida de Jesucristo, y no para bien de la Iglesia precisamente.

–Jesús no fundó ninguna iglesia ni estaba en su pensamiento. Sus seguidores, cuando vieron que su influencia se había hecho grande, se percataron de que eran necesarias unas normas, una estructura, y pusieron en boca de Jesús cosas que nunca dijo. Es un cambalache de intereses y oscuridad mental. Jesús no habló del infierno ni dijo que el matrimonio fuera sagrado.

–¿Cómo le ha resultado la experiencia de retomar la saga?

–Me siento bastante aliviado porque con ‘El diario de Eliseo’ se ha redondeado la visión de la vida pública de Jesús. Me tocó a mí hacerlo, era mi obligación y lo he intentado hacer lo mejor posible. El primer afectado soy yo. Me ha afectado profundamente en la forma de ver la vida. Tengo más confianza y seguridad en que después de la muerte voy a seguir vivo. Eso le da mucho sentido a la vida. El 90% de la gente no sabe por qué está aquí.

–¿Por qué estamos aquí?

–Yo pienso que para experimentar. Experimentarlo todo: la bondad, la maldad, la alegría, el dinero, el tiempo… Porque cuando mueras, no vas a vivir aquí, sino en otro tipo de vida.

–O sea, esta es un laboratorio.

–En cierto modo, sí. Éste es un mundo experimental donde cabe lo bueno y lo malo. Nosotros formamos parte de un experimento.

–¿Y ahí debemos probar si somos buenos o malos?

–La religión condiciona el hecho de vivir bien o mal después de la muerte a que tú seas bueno o malo en esta vida y ese no es el mensaje de Jesús. El suyo es: ‘Hagas lo que hagas, vas a ser extraordinariamente feliz después de que te mueras’. El resto son inventos religiosos para someter a la gente. La religión ha institucionalizado el miedo. Es un arma.

–Pero si no hay bien ni mal, podríamos hacer lo que quisiéramos y vivir en un estado continuo de libre albedrío sin consecuencias.

–No. Estoy convencido de que la vida de cualquier persona obedece a un contrato. Antes de nacer, tú eliges. Todo está pactado: qué quieres hacer, dónde, qué cadena de experiencias quieres tener…

–O sea, ¿estamos predestinados desde que nacemos?

–Sí. Yo no creo que exista la libertad, al menos aquí. Es un bello sueño, pero la libertad exige la información completa y nosotros no la tenemos. Tampoco creo en la reencarnación, pero sí en que el ser humano elige cuál es su papel y su destino en este mundo. Eso explicaría muchas injusticias y la guerra. Pero es una hipótesis.

–No parece que vaya a hacer muchos amigos en la Iglesia.

–Yo soy apóstata. Me presenté en el Obispado de Cádiz y dije: «Quiero abandonar». Por coherencia. Si no estoy de acuerdo con el Real Madrid me puedo borrar del equipo. Pues resulta que no estoy de acuerdo con la religión, y menos la católica, y me permitieron renunciar. Solo aspiro a que la gente piense por sí misma.

Fuente: https://www.elnortedecastilla.es/culturas/libros/juan-jose-benitez-20200113080432-nt.html

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