Jue. Abr 2nd, 2020

Zona Oculta Magazine

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El investigador y escritor Antonio Las Heras habla de sus experiencias de campo.

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La Isla de Pascua (Rapa Nui) es territorio chileno ubicado en medio del océano Pacífico. Su origen es volcánico y cuenta con tres importantes volcanes apagados que son el Rano Kau, con una olla de 324 metros en cuyo interior existen diversas lagunas, el Rano Aroi y el Rano Raraku del que extraían la piedra para construir las estatuas que hacen famoso al lugar. Los mohai.

Con una superficie de 163,6 km² – poco menos que la ciudad de Buenos Aires – tiene una población que no llega a los 6.000 habitantes, concentrados principalmente en Hanga Roa, capital y único poblado existente. En su idioma autóctono la isla fue llamada Te pito o te henua que significa “El ombligo del mundo” y Mata ki te rangi, “Ojos que miran al cielo”. La denominación Rapa Nui se hizo posteriormente extensiva en otros idiomas para denominar al pueblo originario y a su idioma, pero como una única palabra, «rapanui». Es la isla más alejada de todos los continentes. Está a 3.526 km. de la costa americana; a 2.075 km. al oeste de las islas Pitcairn y a 4.251 km. de Papeete, la capital de la Polinesia francesa.

Los imponentes mohai, esos enormes monumentos de piedra construidos con rocas de un volcán.

A pesar de su lejanía y poca superficie – o, tal vez, por eso mismo – Rapa Nui es el nudo de una cantidad de misterios que la ciencia no termina de resolver y que se suman a sus atractivos turísticos. Estos asuntos llamaron la atención del doctor en Psicología Social, magíster en Psicoanálisis, profesor universitario, escritor (OVNIS, los documentos secretos de los astronautas es uno de sus más recientes libros) y permanente explorador Antonio Las Heras, (www.antoniolasheras.com) quien además de colaborar con este suplemento asíduamente ha visitado la isla varias veces.

“Egipcios, griegos, incas… todos parecen haber llegado a esta isla y dejado marcas de su presencia se entusiasma Las Heras, apenas iniciada la entrevista en el solario del Castillo de Villa del Parque, edificio de 1898, donde reside cuando está en Buenos Aires– sin por ello desconocer la influencia polinésica atribuida al histórico y mítico rey Hotumatuba a quien se considera primer poblador de la isla. Los moai, esas extraordinarias construcciones hechas en piedra pómez (lava solidificada, una roca muy porosa) si bien encuentran influencias de otras culturas son, en verdad, piezas únicas. Algunas de hasta 23 metros de altura. Es un arte original pascuense. La forma en que fueron esculpidas y de dónde se obtuvieron los bloques es algo resuelto definitivamente. Lo que no encuentra explicación es la manera en que las estatuas fueron transportadas de la cantera a su sitio definitivo. Por que usando lianas, sogas, troncos rodantes o cualquier cosa por el estilo, habrían quedado las marcas de roce en una piedra tan porosa. Pero nada hay de eso. Es como si las hubieran llevado flotando, sin tocarlas. Hay quienes piensan que se las transportó por levitación, como se dice en Parapsicología.”

Antonio Las Heras en una de sus visitas.

Ya que toca el tema de la Parapsicología consultamos al doctor Las Heras por una historia de la cultura rapanui que afirma que los primeros pobladores de la isla contaban con un poder especial, mental o espiritual, que los hacía muy poderosos.

“Se afirma que aquellos originarios -sobre todo las mujerestenían desarrollada una fuerza particular, a la que llaman “poder mana”, por la cual estaban capacitados para transportar bloques y moais usando sólo su poder mental. Con solo desearlo y concentrarse mentalmente lograban que las estatuas levitaran hasta el sitio dispuesto para su colocación definitiva. Más allá de si esta historia es real o no, lo que me ha llamado mucho la atención –explica Las Heras– es ese nombre “mana.”Me pregunto, ¿por qué esa denominación? Resulta que solo modificando la acentuación por “maná”, tenemos aquello que, según el Antiguo Testamento, alimentó a los judíos durante su peregrinación por el desierto. En ambos casos se trata de un “algo” que alimenta, que otorga fuerza, energía. Es, como mínimo, una coincidencia significativa, para usar un término caro al pensamiento de Carl Gustav Jung”.

Usted afirma que los griegos estuvieron en Isla, así como los egipcios, ¿Qué pruebas sostienen esas afirmaciones? “En mi primera visita a Rapa Nui, en 1990, estando en el Museo Antropológico Padre Sebastián Englert, pude ver y filmar un cráneo humano exhibido en una vitrina, que tiene la letra griega Psi dibujada con color rojo en el medio de la frente. Para decirlo en términos esotéricos: en el sitio del chakra del entrecejo o “tercer ojo”.

¿Pero una letra griega? ¿Cómo podía estar eso allí? ¿Cuál era su origen? Ya no está más. El museo creció mucho en materiales acumulados. Exhibe unos pocos con mucha estética. Es un lugar que merece recorrerse, muy didáctico. Pero el controvertido cráneo parece haber desaparecido.

Las Heras, con su cara pintada por una persona nacida en la isla que pertenece al linaje de quienes siguen las antiguas tradiciones.

“Lo de la presencia egipcia es igualmente sorprendente. Ocurre lo siguiente: la gran mayoría de los moais no tienen esculpidas las espaldas. Pero los que se encuentran en una de las dos únicas playas que tiene la isla exhiben algo así como un moño grande en la espalda. Se ha dicho que sería el cordón con el que ataban una especie de delantal ajustado a la cintura. Si así fuera estaríamos en presencia de otro gran enigma. ¡Serían masones con los mandiles puestos! Pero no, es otra cosa. Lo que parece un gran moño es, a mi juicio, el Ankh o Llave de la Vida de la diosa egipcia Isis. A más sorpresa, el nombre de la playa, que se ignora de dónde proviene o cuándo fue bautizada así, es Anakena. Allí está la raíz Ank. ¿Otra coincidencia significativa?. Solamente habría que atar cabos”.

-¿Los turistas pueden visitar algunas cavernas en las que se hacían rituales esotéricos y ceremonias mágicas? “Alguna que otra están abiertas al recorrido turístico. Son cavernas encadenadas, unas a otras, como si se tratara de habitaciones. En ciertos lugares hay orificios artificiales que dejan ver el cielo. Eran utilizados para rituales vinculados a las posiciones estelares, los solsticios y los equinoccios. Los pascuenses hacían ritos de iniciación también. En su momento yo pude visitar y hasta ingresar unos cuantos metros a la llamada “Caverna de las Vírgenes”.

“Hoy en día los guías ni hablan de esos temas y si alguien pregunta contestan que eso no existió. Lo cierto es que yo estuve aunque no completé el recorrido. Esa caverna existe. Está en un sitio bastante inaccesible. A ella entraban durante el solsticio de invierno las jóvenes vírgenes y pasaban tres meses sin salir, cosa que hacían para el equinoccio de primavera, exhibiendo la palidez en toda su piel. Estas eran las que serían elegidas para matrimonio por aquellos muchachos que lograban la proeza de lanzarse al mar, llegar hasta un promontorio que se encuentra a unos mil metros y regresar trayendo un huevo de manutara, un ave a la que se atribuían características de divinidad”.

El protagonista en uno de sus tantos viajes. 

-También hay quienes afirman que los incas viajaron a la Isla y hasta que realizaron construcciones allí. “Somos varios los investigadores (el padre de ésta idea fue el explorador noruego Thor Heyerdahl) que afirmamos la presencia incaica en Rapa Nui. Se comprueba viendo varias paredes hechas con roca tallada. El mismo tipo de arquitectura que uno ha visto en Perú al recorrer, por ejemplo, Sacsayhuaman. La coincidencia es absoluta. Para ser otra coincidencia significativa más – dice irónicamente el doctor Las Heras – ya pasan a ser demasiadas. Empero los hechos curiosos no terminan allí. Por que hay más. Cuando se toma un mapa de Rapa Nui, de los oficiales hechos por el estado chileno, -aclara nuestro entrevistado- aparecen entonces algunas regiones donde está anotado “zona de fuertes perturbaciones magnéticas.”, explica.

Son sectores donde la batería de un teléfono celular o de una cámara filmadora se descarga en cuestión de un par de minutos. De igual manera, las brújulas enloquecen. Y hay más todavía. En un sector costero, aparecen apenas bañadas por las aguas del Pacífico unas grandes esferas de piedra donde también “giran enolquecidas” las brújulas. Los guías suelen mostrar a los turistas este notable hecho. Es el momento en el que Las Heras vuelve a entusiasmarse, como si de nuevo estuviera caminando por la isla, repitiendo la increíble experiencia.

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