Jue. Oct 29th, 2020

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Profanan las tumbas de un guardia civil y un policía asesinado por ETA en un ritual de magia negra

Los autores de los hechos dejaron en el interior de los ataúdes gallinas decapatidas y dibujaron un símbolo satánico en uno de los nichos

Los operarios del cementerio de la localidad de Moncada, situada a escasos kilómetros de Valencia, descubrieron este miércoles, en pleno estado de alarma por el coronavirus, que dos de las tumbas del camposanto habían sido profanadas.

En concreto, las de un guardia civil y un agente de la Policía Nacional asesinados en 1984. Los macabros hechos, desvelados este sábado por el diario «Levante-EMV», se produjeron el pasado fin de semana y los investigadores que se han hecho cargo del caso los atribuyen a un ritual de vudú.

De hecho, los autores de la profanación dejaron en el interior de los ataúdes sendas gallinas decapitadas y desangradas. En uno de los nichos, además, dibujaron un símbolo satánico.

Los participantes en el rito de magia negra escogieron las tumbas de un guardia civil y un policía nacional muertos de forma violenta hace ahora 36 años. El cabo primero de la Benemérita Agustín Gómez Pérez fue asesinado por unos atracadores en enero 1986. El mismo año en que el, tres meses más tarde, el policía nacional Juan José Visiedo murió a manos de la banda terrorista ETA en un atentado perpetrado en Pamplona el 13 abril, de acuerdo con la información avanzada por «Levante-EMV». El agente, natural de Melilla y que tenía 26 años cuando fue asesinado, fue enterrado en Moncada, donde su padre era jefe de la Policía Local.

Mientras, Agustín Gómez Pérez fue asesinado junto a dos compañeros del cuartel de la Guardia Civil de Moncada, también enterrados en el cementerio del municipio. El crimen fue obra de unos delincuentes comunes.

Cementerio cerrado por el estado de alarma

La Guardia Civil se ha hecho cargo de las pesquisas en un caso en el que todavía no hay detenidos. Los agentes creen que en la profanación participaron varias personas, toda vez que tuvieron que mover las lápidas de ambos nichos, cuyo pesó resulta considerable. Además, dan por hecho que no escogieron las tumbas de Agustín Gómez Pérez y Juan José Visiedo al azar y que habían planificado perfectamente su acción y cómo acceder al cementerio de la localidad valenciana, que permanece cerrado salvo para los enterramientos en el marco de las medidas contempladas en el estado de alarma para frenar la propagación del coronavirus.

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