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Los petroglifos de Val Camónica en Italia, la mayor colección de arte rupestre del mundo, abarcan más de 10.000 años de historia

El valle de Val Camónica, situado en la provincia de Brescia en los Alpes italianos, es famoso por albergar la mayor colección del mundo de arte rupestre, con más de 200.000 petroglifos tallados sobre roca arenisca y repartidos por diferentes áreas. Pero lo que es más asombroso todavía es que los más antiguos datan de la prehistoria, del Paleolítico Superior, y los más modernos del siglo XIX, abarcando un período de más de 10.000 años de historia. Por ello fueron reconocidos como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979.

La gran mayoría de los petroglifos más antiguos fueron realizados durante los 8.000 años anteriores al primer milenio a.C. La mayoría de los más modernos fueron realizados desde la Edad del Hierro por los Camunni, el pueblo que todavía habitaba la zona en tiempos de los romanos. Todos ellos se reparten entre los ocho diferentes parques arqueológicos creados en los municipios del valle.

Así, las primeras representaciones se remontan al mesolítico (VIII-VI milenio a.C.) y habrían sido obra de cazadores-recolectores nómadas, que dejaron talladas en las rocas imágenes de ciervos y alces, algunos heridos con lanzas.

Laberinto y figuras armadas en Capo di Ponte, Val Camónica / foto Luca Giarelli en Wikimedia Commons

En el neolítico, entre 5500 y 3300 a.C., el desarrollo de las prácticas agrícolas y los primeros asentamientos permanentes trae nuevos motivos artísticos como las figuras de perros, cabras, toros y los elementos geométricos, rectángulos, círculos y puntos que podrían ser representaciones topográficas de los nuevos terrenos cultivados.

Durante el calcolítico o Edad del Cobre fueron apareciendo nuevos símbolos como figuras humanas, arados y otras herramientas, armas y diferentes animales, así como elementos astrales. Motivos que se fueron estilizando durante la Edad del Bronce y la Edad del Hierro en el II y I milenio a.C. Y a los que se añadieron otros representando cabañas, laberintos, huellas y escenas de caza. En total los petroglifos pertenecientes a la Edad del Hierro son un 70-80 por ciento del total, siendo por tanto el período más prolífico. Entre ellos destaca el llamado Mapa de Bedolina.

El Mapa de Bedolina

Detalle del Mapa de Bedolina / foto Luca Giarelli en Wikimedia Commons

Se trata de uno de los mapas topográficos más antiguos que se conocen, grabado sobre una roca plana de arenisca de 9 metros de largo por 4 de ancho, en la que se representan cultivos, caminos de montaña y pueblos en torno a la localidad de Bedolina, en el municipio de Capo di Ponte.

Consta de 109 elementos o patrones topográficos que datan de entre los años 1000 y 200 a.C., representando caminos, guerreros, animales, cabañas de madera, e incluso una Rosa Camuna.

La Rosa Camuna

A la izquierda una Rosa Camuna simétrica, a la derecha figura de un guerrero / foto Luca Giarelli en Wikimedia Commons

Es uno de los símbolos más curiosos encontrados entre los petroglifos de Val Camónica, de ahí que halla sido adoptado como emblema por la región de Lombardía. Se trata de una línea cerrada que serpentea alrededor de nueve marcas de cazoleta, típicas del arte prehistórico, y que aparece representada tanto de forma simétrica (la más frecuente) como asimétrica o en forma de esvástica.

Se cree que es un símbolo solar relacionado con el movimiento astral que evolucionó hacia un tipo de amuleto de la suerte, datándose las tallas entre los siglos VII y I a.C.

Una Rosa Camuna con forma de esvástica / foto Luca Giarelli en Wikimedia Commons

El nombre Rosa Camuna es un invento moderno basado en su semejanza con una flor, pero en realidad no sabemos cual era su nombre original, aunque tiene gran parecido con otros símbolos de la misma época de toda Europa.

De la época romana a la actualidad

Los Camunni fueron conquistados por Roma, pero eso no hizo desaparecer la creación de petroglifos, que continuó, aunque en menor medida, durante toda la Antigüedad y la Edad Media, llegando incluso a tiempos tan recientes como el siglo XIX.

Si durante la dominación romana la creación de nuevos petroglifos se ralentizó, el comienzo de la Edad Media vio como volvía a multiplicarse. Esta vez con la talla de símbolos cristianos, tales como cruces y llaves, superponiéndolos a los antiguos petroglifos, en un intento de cristianizar unos lugares considerados paganos.

Escena de pelea en la Reserva de Ceto, Cimbergo y Paspardo, Val Camónica / foto Luca Giarelli en Wikimedia Commons

Descubrimiento a comienzos del siglo XX y el interés de los nazis

El primero en darse cuenta de la importancia de los grabados fue el geógrafo italo-suizo Walther Laeng en 1909, aunque no sería hasta la década de 1920 que las piedras empezarían a ser estudiadas y catalogadas por los investigadores.

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Cronología estilística de los petroglifos de Val Camónica / elaborado por Andrea Arcá

Luego, en los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial, el lugar despertó el interés de Heinrich Himmler y su Ahnenerbe, la Sociedad para la Investigación y Enseñanza de la Herencia Ancestral Alemana, una organización pseudocientífica que trataba de recabar pruebas y evidencias sobre la historia de la raza aria. Entre 1935 y 1937 la organización financió al profesor de la Universidad de Halle, Franz Altheim, quien con su asistente Erika Trautmann, estudiaron, inventariaron y publicaron muchos grabados camunenses hasta entonces desconocidos. Su teoría era que los petroglifos eran obra de una supuesta raza aria ancestral.

Tras la contienda sería Walther Laeng quien, esta vez con la ayuda de un grupo de colaboradores, volvería a retomar las investigaciones, compilando en 1954 el primer mapa de grabados con las 93 rocas que se incluirían en el Parco Nazionale del Incisioni Rupestri (Parque Nacional de los Grabados Rupestres). A partir de la década de 1960 las investigaciones sistemáticas sacarían a la luz nuevos descubrimientos, y se iniciarían los trabajos de conservación.

Figuras animales y humanas en el Parco di Naquane, Capo di Ponte, Val Camónica / foto Luca Giarelli en Wikimedia Commons

Según la UNESCO, los grabados rupestres de Val Camónica constituyen una extraordinaria documentación figurativa de las costumbres y la mentalidad prehistóricas. Y su interpretación sistemática, su clasificación tipológica y su estudio cronológico representan una contribución considerable a los campos de la prehistoria, la sociología y la etnología. Según estimaciones de los expertos, hasta el momento solo se han descubierto el 80 por ciento de los petroglifos existentes.

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