Sáb. Sep 26th, 2020

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Arqueólogos españoles descubren tres tumbas faraónicas desprovistas de lujos

Un grupo de la Universidad de Barcelona descubre en Egipto tres sepulturas de hace más de 2.600 años con algunas insólitas características, empezando por la carencia de ajuares

Aparecieron bajo el suelo de una vivienda de época cristiano-bizantina. A tres metros de profundidad, una misión española ha hallado tres tumbas enterradas hace más de 2.600 años. Unas sepulturas sin lujos -huérfanas de sarcófago, lucidos ajuares e incluso murales- que han alumbrado una nueva y particular tipología arquitectónica.

“Es una forma de construir las tumbas que hasta ahora desconocíamos. Para nosotros, es totalmente nuevo”, reconoce a EL MUNDO Esther Pons, codirectora junto a Maite Mascort de la misión de la Universidad de Barcelona que, desde 1992, excava el yacimiento de Oxirrinco, en la provincia egipcia de Minya, a unos 190 kilómetros al sur de El Cairo.

Las tumbas de época saíto-pesa (664-332 a.C.) -uno de los últimos instantes de la civilización faraónica, bautizada así porque la corte del monarca se estableció en la localidad de Sais, ubicada en el delta del Nilo- fueron levantadas con losas planas o inclinadas. “Hasta ahora, en este periodo, habíamos encontrado siempre techos abovedados. En este caso, sin embargo, son techos planos o con losas inclinadas. Es un cambio total”, confirma Pons.

Otras tres tumbas de la misma época han sido rescatadas bajo el suelo de otras sepulturas posteriores, de época ptolemaica-romana. “Nunca hasta ahora habían aparecido bajo el suelo de unas tumbas”, desliza la egiptóloga. En las seis, destaca la sobriedad con la que sus moradores inauguraron su vida de ultratumba. “Estamos en el final de época saíta e inicios de la persa. Empieza a cambiar el tipo de enterramiento”.

“No hay sarcófagos. Como mucho, apoyan los cuerpos sobre una plancha de madera para que no estén directamente sobre el suelo. No hay ajuar funerario más allá de las cuentas y canutillos de fayenza, piedra y cornalina que pertenecieron a una malla ya desaparecida y unos ushebtis de fayenza color verde-azul [figurillas funerarias colocadas en las tumbas del Antiguo Egipto con la creencia de que sus espíritus trabajarían para el difunto en la otra vida]”, detalla Pons.

Los muros de las tumbas proyectan también una desnudez extrema. “No hay textos ni decoración. Todas las tumbas tenían una sola cámara funeraria”, señala la experta. “Dos de ellas estaban aún precintadas después de 3.000 años. Y solo estaba el muerto, ni siquiera vasos canopos ni cerámica”. Sin apenas pesquisas para identificar a los cuatro difuntos momificados y vendados que han encontrado, el equipo ha podido establecer que se trata de adultos, varones y mujeres.

“Es imposible saber su identidad pero pensamos que debieron ser personas relativamente importantes en su comunidad porque tenían una tumba propia aunque ésta fuera de una sola habitación”, indica Pons, al frente desde hace un año de una de las expediciones más veteranas de la egiptología española, financiada por el ministerio de Cultura y Deporte, la fundación Palarq, la Sociedad Catalana de Egiptología y las universidades de Barcelona y Paul Valéry 3 de Montpellier.

Durante la última campaña, firmada entre los pasados febrero y marzo, la misión también ha desempolvado dos tumbas de época ptolemaica-romana -de una y dos cámaras funerarias- que capturan la metamorfosis que empieza a acaecer en los confines del Egipto de los faraones. “Entre las vendas de las momias aparecen unos sellos de limo con una decoración impresa de motivos y divinidades funerarias egipcias: el signo de la vida Anj o las figuras de Anubis, de un cocodrilos y liebres”, enumera Pons.

“Son sellos de protección para el difunto en el más allá”, agrega la egiptóloga. Los primeros asomaron en las tumbas el año pasado y, desde entonces, están rodeados de misterio. “No tenemos ningún paralelo. Hemos ido a congresos y nadie sabe nada de este tipo de sellos. No sabemos si son sellos propios de esta zona. Sus representaciones de deidades egipcias nos hablan de que hay sincretismo entre las culturas egipcia y romana”.

Las sepulturas arrojan un panorama que aún investiga el equipo de arqueólogos, antropólogos, restauradores, epigrafistas, arquitecto y topógrafo. “Uno de los individuos momificados llevaba una máscara-yelmo policroma; otro de los individuos estaba cubierto por un cartonaje, también polícromo, con figuras de divinidades egipcias e inscripciones en griego”, desvela Pons.

Los hallazgos que arrojan luz sobre la arquitectura y los rituales funerarios se han localizado en la Necrópolis Alta, asentada sobre un montículo de uno de los yacimientos más extensos de Egipto, situado en el margen izquierdo del Bahr Yussef, un brazo del Nilo que desemboca en el oasis de El Fayum. Oxirrinco, hoy acosado por el crecimiento del municipio de El Bahnasa, fue un próspero cruce de caminos para los comerciantes que se dirigían hacia los oasis del desierto occidental y en su geografía emergieron tumbas familiares de los gobernadores-sacerdotes del enclave.

EXPEDICIÓN NAPOLEÓNICA
Las ruinas de Oxirrinco fueron descubiertas por Vivant Denon, uno de los intelectuales que acompañaron a Napoleón Bonaparte en su expedición a Egipto a principios del siglo XIX. Las excavaciones posteriores desenterraron miles de papiros que aún se estudian en Reino Unido.

Hace ocho años, la misión española protagonizó uno de sus descubrimientos más espectaculares: un enterramiento ritual de miles de peces de río, asociado a la diosa Tueris, divinidad principal de la ciudad en época ptolemaica-romana.. “Nos encontramos con una ofrenda de 50.000 peces oxirrincos, dispuestos unos encima de otros y más de la mitad pseudomomificados. Es una ofrenda que jamás se ha encontrado en Egipto. Es un caso único. Tuvimos que ponernos en contacto con el mayor especialista, que vino a la excavación y nunca pensó encontrar lo que encontramos”.

El suelo de Oxirrinco está aún lejos de revelar todos sus secretos. “Es uno de los cinco yacimientos más grandes de Egipto. Ha tenido una cronología muy amplia de forma sistemática. Nunca ha existido el abandono. Se han ido superponiendo las diferentes culturas y etapas cronológicas, unas encima de las otras”, recuerda Pons. “Precisamente su superficie es tan amplia porque siempre ha estado habitada, hasta nuestros días. Y todavía queda por excavar el 90% de Oxirrinco”, concluye.

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